En mi segundo viaje a Chad, ya voy preparada para enfrentarme a algunas situaciones como por ejemplo: el calor infernal (53º, y no es broma), la falta de agua, 1 o 2 comidas al día, el ritmo diario, la situación de los niños/as y las mujeres, la desigualdad existente entre "clases"... Eso está, lo reconozco, y se hace duro. A veces toca tanto que me rompo en cachitos. La realidad de España es muy diferente, hay agua cada vez que se necesita, ¡y es potable!, las temperaturas son agradables, aunque a veces aumenten y disminuyan de sorpresa, comemos cuanto queremos, aunque no todo el mundo puede hacerlo. El ritmo aquí es acelerado, muy rápido, casi sin tiempo a observar lo que le ocurre a tu vecino, hermana, hijo... Sigue habiendo desigualdad, pero tratamos de buscar caminos donde todo sea más equitativo, o por lo menos una parte de la población lo hace.  Allí las niñas dejan los estudios a los 13 años, no porque no les guste, ni porque sufran bullying o porque no sean válidas para estudiar, los dejan porque las obligan, las casan con hombres que les doblan la edad, y las embarazan, seguramente sin ellas desearlo. Lamentable. Sí. Doloroso, no sabéis cuanto...

Cuando llegamos a la escuela, Sylvia y yo, esperamos encontrarnos las mismas caras que el curso pasado, o por lo menos las mismas que vimos en la anterior visita. A veces eso no ocurre. Entonces es cuando el alma se agrieta, y duele...

Por eso llevamos la gimnasia artística a Chad y ha sido acogida con tanta ilusión por parte de las niñas y sus familias.

 

El deporte es una oportunidad de crecer siendo niña y de formarte como mujer, y esto es en España y en cualquier lugar del mundo. Siempre y cuando se trate a las personas con respeto y se haga un buen trabajo basado en metodologías no dañinas ni humillantes, sino constructivas y positivas.  En el municipio de Toukra hay unas 80 niñas practicando este bello deporte, gracias a un hombre que creyó que este podía darles la oportunidad de tener una vida digna. El es el padre Camille, jesuita y director del Colegio San Francisco Javier, una persona humilde, al servicio de su comunidad y capaz de crear una escuela de la nada y en 5 años dar educación a 1500 alumnos/as de Primaria, Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional. Él ve el potencial de las mujeres y busca  la forma de que tengan las mismas oportunidades que los hombres. Sylvia, no pudo decirle que no cuando le preguntó si podíamos llevar la gimnasia artística a Chad. Ese instante fue el punto de inflexión para ella y marcó el rumbo que iba a tomar nuestro deporte en España, y también en el  país africano. Todavía me acuerdo de ese momento en nuestra sala de El Pradillo durante el Trofeo Internacional de hace ya unos 3 años. Ella vino a contármelo entusiasmada, me miró y me dio la noticia: "¡Vamos a llevar la gimnasia a Chad!" y yo le dije "Claro que sí ¡Vamos a por ello!". La Fundación Ramón Grosso vio la importancia de este proyecto y le abrió los brazos de par en par. Así que gracias a estas 3 personas hoy hay gimnasia en Chad y muchas niñas practicándola. 

Me siento afortunada por ser la entrenadora de este grupo de gimnastas. Creo que mi labor en Pozuelo o en Toukra es muy similar, acompañar en el crecimiento de las gimnastas durante su trayectoria deportiva para que se formen como mujeres capaces, valientes y con valores. Lo que a veces me planteo es, si aquí somos capaces de ver la importancia de que una persona adulta, formada tanto intelectual como emocionalmente, acompañe a los niños/as y adolescentes en su proceso de maduración. Al margen de que haya o no resultados, alcance o no los objetivos planteados o, consiga o no ir a un determinado número de competiciones. Tras mi aterrizaje en Madrid lo primero que me llegan son quejas, problemas sobre cómo va a afrontar una gimnasta la temporada que viene (cuando aún no ha acabado esta), las exigencias de una federación por encima de la cordura y la ética, y más casos de abusos en el deporte. Por eso me planteo la reflexión de si en España somos capaces de ver más allá de un trofeo, un nuevo horario o un objetivo. Si somos capaces de ver personas confiando en personas, niñas apasionadas por su deporte, adolescentes encontrando su camino. Al fin y al cabo, los niñas y niñas son eso, niñas y niños, que un día eligieron el deporte como espacio de juego, de formación, donde formar un equipo y sentirse parte de un grupo que les quiera tal y como son. Para mí esto es ganar el mayor trofeo en el deporte. El que luego te acompaña toda la vida...

 

 

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