Hoy tengo la necesidad de escribir sobre nuestro deporte y sobre los entornos seguros y protectores. Siento que es fundamental hablar de ello para despertar conciencias, abrir caminos y mejorar el sistema deportivo. 

Hoy se conmemora el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. En 1977 la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió que esta fecha sería marcada en el calendario con el fin de denunciar la violencia que se ejerce sobre las mujeres en todo el mundo y reclamar políticas para su erradicación. 

 

El origen de esta violencia se encuentra en la falta de equidad en las relaciones entre hombres y mujeres en diferentes ámbitos, y en la discriminación continua hacia ellas. Se trata de un problema social presente tanto en el ámbito doméstico como en el público, en sus diferentes vertientes: física, sexual, psicológica, económica, cultural, etc. y no está asociada a una cultura, región o país específico, ni tampoco a grupos concretos de mujeres en la sociedad.

 

El deporte es un espacio de crecimiento y desarrollo de las habilidades de cada persona, por lo que es común ver a niños y niñas compartir entrenamiento y torneos tratando de dar lo mejor de sí, ayudándose y respetándose. También es cierto que la infancia es un reflejo del mundo en el que viven, por lo que si una entrenadora trabaja mano a mano con un entrenador, reciben el mismo trato, tienen el mismo salario y se desarrollan profesionalmente en igualdad de condiciones, los menores de edad aprenderán a relacionarse así con sus iguales. 

Si cuando se dan situaciones de desigualdad, el equipo responde, se cuida y se apoya, es que el equipo técnico está haciendo un buen trabajo respecto a la enseñanza y transmisión de valores.

 

El deporte no cambia el mundo de un día para el otro, pero sí ofrece la posibilidad de ir evolucionando poco a poco. Las metodologías donde prima el proceso y no únicamente el resultado, el uso de un lenguaje donde no se discrimine a nadie, la escucha activa de los equipos técnicos ante los comportamientos los/as deportistas, y la autorreflexión, son aspectos que favorecen la creación de espacios seguros y protectores. 

 

Cada familia educará y criará a sus hijos/as como consideren más acertado, y nosotras en el gimnasio ofreceremos una formación deportiva adecuada al potencial humano de cada persona. Quizá no pensemos igual, no compartamos las mismas ideas, pero hay algo que nunca falla cuando se trata de educación: el amor y la confianza. Como bien describe Pepa Horno "el proceso educativo implica una guía, un delimitar un camino que posibilite un desarrollo sano, y para ello hay que marcar unos límites en el comportamiento y unas normas de actuación".

 

Si entre todos/as conseguimos educar en valores, construiremos una sociedad sin violencia, donde tú tengas los mismos derechos que yo, donde un adulto respete los límites de un niño/a, y donde un hombre no se crea más que una mujer. Porque en realidad, nadie es más ni menos que nadie. Somos lo mismo en formatos diferentes.

 

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