Eli Cabello "En los años 70, el entrenador/a tenía que ejercer como si fuera especialista en to


Es maestra especialista en Educación Física, licenciada en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. doctoranda y Diploma de Estudios Avanzados en Ciencia de la Actividad Física y del Deporte. Además se ha formado como Técnico superior, juez nacional e internacional de GAF, y entrenadora de 1º nivel de G. Rítmica. Su relación con la gimnasia comenzó en 1966, cuando se inició en el club Medina de Sevilla como gimnasta. Dos años más tarde, la Federación Española la seleccionó y becó para entrenar en las instalaciones que tenía en Madrid. A partir de esa fecha formó parte del equipo nacional hasta 1976, cuando participó en los JJ.OO. de Montreal, momento en el que comenzó su andadura entrenadora, primero en Sevilla y en junio del 77 con la RFEG, cuando esta la contrató como entrenadora del Centro de Tecnificación del INEF de Madrid, en el que estuvo trabajando hasta 1989. Paralelamente estuvo entrenando al club Rodeiramar (posteriormente Calvo y Munar) y dirigía el 2º Centro de Tecnificación del Gimnasio Moscardó de Madrid entre los años 1983-86.


Su palmarés es muy extenso, por lo que cabe destacar el puesto 82º obtenido en los JJ.OO. de Montreal'76, y su participación en los Juegos del Mediterráneo de Argel'75 en el que conseguió el 2º puesto por equipos y la medalla de plata en el All Around, el oro en paralelas y el bronce en suelo. Ese mismo año fue campeona de España y participó en el X Campeonato de Europa en Skien (puesto 25º). Fue subcamepona de España en 1973 y 1976, y logró el tercer puesto en 1970 y 1974.


Cuando piensas en Gimnasia Artística ¿qué sensaciones te produce?

Como gimnasta recuerdo sensaciones muy agradables en los entrenamientos cuando trabajaba todo lo relacionado con el ballet, la rítmica, la expresión corporal o la música a piano que requerían los ejercicios obligatorios y libres de suelo. En cada aparato sentía diferentes sensaciones porque hacer los elementos en paralelas era alucinante, pero la técnica de salto nada tenía que ver con la barra o las acrobacias. La verdad es que, al margen de las lesiones o los malos días en los que no lograbas conseguir aquello que te habías propuesto, disfrutaba mucho en los entrenamientos y, lo cierto es que aquellas sensaciones aún, después de tantos años, siguen en tu memoria como si siguieras entrenando.


¿Qué destacas de tus primeros años como gimnasta?

Tal y como relato en mi libro, empecé a entrenar acudiendo a las clases extraescolares que organizaba la Sección Femenina en Sevilla. Entrenábamos como se podía, apenas sin medios y con materiales muy antiguos. Nuestros ejercicios eran

básicos pero disfrutábamos entrenando y participando en las distintas competiciones que se organizaban. Entrenaba en el antiguo estadio de la Macarena de Sevilla. No estaba precisamente cerca de mi casa, así que el mero hecho de desplazarme hasta allí requería bastante esfuerzo pero, la verdad es que aquellas dos horas de entrenamiento, tres días a la semana, junto a mis compañeras del club Medina, siempre me resultaron muy agradables y divertidos. Al ser seleccionada por la Federación Española durante una competición en 1968, me trasladé con otras compañeras sevillanas a Madrid y hasta 1976 estuve concentrada de forma permanente.


¿Cómo fue dar el paso hacia el alto rendimiento? ¿Qué cambios se produjeron en tu vida?

La llegada a Madrid resultó un cambio y una experiencia muy dura en todos los sentidos. Dejé en Sevilla a mi familia, mis amigos, mi colegio, mis aficiones, mi entrenadora, mis costumbres, mi ciudad… Todo era muy diferente y, aunque desde un primer momento las compañeras de equipo nos apoyamos y mostramos mucha empatía, reconozco que los llantos y la nostalgia eran muy frecuentes dentro del grupo. Desde el primer momento se nos exigió mucha disciplina diaria, no sólo porque entrenábamos seis días a la semana tres horas y media, algo a lo que por supuesto no estaba acostumbrada, sino también por la dieta que nos impusieron, horarios, estudios o la responsabilidad que supuso hacerte, de un día para otro, independiente con doce años. Sin duda, lo mejor del día era el entrenamiento porque mientras entrenabas disfrutabas mucho y no te acordabas tanto de lo que habías dejado atrás. Así que cuando descansaba los domingos, el día se hacía muy largo y lógicamente los recuerdos volvían y te sentías más sensible y vulnerable. También fue difícil conciliar deporte y estudios, pues apenas nos daba tiempo de hacer los deberes o estudiar para los exámenes. Pero en fin, a pesar de los malos tragos, que hubieron muchos, la Gimnasia fue mi gran pasión y llegar a formar parte del alto rendimiento aún más, porque tuvo sus ventajas: me permitió participar en competiciones importantes, viajar por el mundo y conseguir metas que nunca imaginé.


¿Cómo era hacer gimnasia en los años 70 en nuestro país?

La escasez de instalaciones deportivas en España era una realidad en los años 70. En los gimnasios las condiciones no eran buenas y los aparatos estaban bastante deteriorados y resultaban insuficientes. Las ciudades que más clubes presentaban en competiciones nacionales fueron: Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia. En estas provincias, como en todas, faltaban medios deportivos así que al no tener materiales adecuados, como por ejemplo pistas de suelo, colchonetas quitamiedos, trampolines reglamentarios o fosos, el nivel técnico en general era, por lógica, más bien bajo. Tal vez por eso la Federación Española organizó en 1968 el Plan de Promesas. Esta falta de medios también lo sufrimos las gimnastas de alto nivel pues, una vez concentradas en Madrid, estuvimos entrenando durante los dos primeros años en instalaciones que no reunían las condiciones necesarias. No fue hasta 1970 cuando la FEG nos ubicó definitivamente en el gimnasio del INEF de Madrid que, con el tiempo, se convirtió en el primer Centro de Tecnificación y, actualmente alberga el CAR de Madrid. En estas instalaciones también entrenaba el equipo nacional masculino, los gimnastas de cama elástica y algunas escuelas masculinas de diferentes clubes con lo cual, a la hora de entrenar, el espacio resultaba de lo más reducido. En aquellos años era habitual entrenar sin foso, el primero que se hizo en España, fue el del INEF, a mediados de 1976. Por supuesto, mi generación tampoco dispuso de un equipo de profesionales deportivos tal y como existe en la actualidad: psicólogos, traumatólogos especializados, fisioterapeutas, patrocinadores, etc… Por poner un ejemplo, en nuestro gimnasio nunca hubo un médico o un ATS (ni siquiera tuvimos a nuestro alcance hielo para las lesiones y, el botiquín, apenas tenía lo básico). En los años 70, el entrenador/a tenía que ejercer como si fuera especialista en todo y si te lesionabas, esperabas a que el entrenamiento finalizara para que el entrenador/a te llevara en su coche a la clínica. En fin, entrenar en estas condiciones era toda una aventura pero tal y como señalo en Hijas del sueño olímpico, “a pesar de no tener los medios apropiados, estos medios eran los mejores que habían en España en aquellos años”.


Fuiste entrenadora del equipo nacional hasta justo antes de los JJOO de Barcelona'92 ¿qué reflexiones sacas de esa experiencia profesional?

A partir de 1977 el Comité Técnico de la FEG cambió un poco su forma de gestionar la selección nacional y empezó a organizar concentraciones en Madrid con más frecuencia. Esto facilitó el intercambio metodológico entre los entrenadores y ayudó a mejorar también la técnica de los elementos. También aumentó mucho la rivalidad entre los clubes, sobre todo, en ciudades como Madrid o Barcelona.

La FEG me contrató en julio de 1977 para continuar el trabajo que la rusa Nina Korolkova dejó al volver a Rusia. Antes de mi llegada, el seleccionador masculino había estado dirigiendo unos meses a este grupo y progresivamente abandonó la gimnasia masculina para dedicarse a la femenina. En 1978 cofundamos el club Rodeiramar (posteriormente Calvo y Munar) y con el tiempo, nuestras gimnastas obtuvieron muchos triunfos tanto a nivel internacional como nacional. No obstante, después de seis años de trabajo muy intenso, yo diría desmedido para aquellos años (entrenábamos dos sesiones todos los días, incluidos los sábados y domingos y solo descansábamos los jueves por la tarde), abandoné la Gimnasia en 1983 porque mi relación profesional estaba muy deteriorada y no me sentía valorada por este entrenador. Tras mi dimisión, la FEG me propuso entrenar en el segundo Centro de Tecnificación del Gimnasio Moscardó y, tras aceptar, trabajé durante unos meses con Ramón García y después con José Ginés hasta 1986. Esta etapa fue muy gratificante para mí pero finalizó cuando el G. Moscardó fue clausurado por obras. La FEG no fue capaz de encontrar un gimnasio para continuar nuestra labor de modo que, tanto Ginés como yo, decidimos enviar a nuestras gimnastas más destacadas al Centro de Tecnificación del INEF porque sin medios a nuestro alcance la progresión era inviable, sobre todo, de las gimnastas más avanzadas. Solo unos meses después, estas gimnastas pasaron a formar parte del Calvo y Munar, no por propia voluntad, sino más bien por la presión que dicho club ejerció sobre ellas.

En septiembre de 1986, tras finalizar la primera concentración organizada en Lérida por el programa ADO, la FEG solo me dio la opción de regresar al gimnasio del INEF, por su parte, Ginés se trasladó al Polideportivo Pisuerga de Valladolid. Al volver de nuevo al Centro de Tecnificación del INEF, las veintiocho gimnastas del Moscardó fueron, tal y como sucedió con el primer grupo, integradas en el club Calvo y Munar. Continué entrenando a las gimnastas del equipo nacional, mezcladas con el club Calvo y Munar, en el Centro de Tecnificación hasta el año 1989. A lo largo de mi trayectoria deportiva he formado parte del equipo Técnico de la RFEG durante los ciclos olímpicos de Moscú'80, Los Ángeles'84, Seúl'88 y Barcelona'92 en los que he entrenado y preparado los ejercicios obligatorios y libres de todas las gimnastas que aspiraban a formar parte de la selección nacional. Cuando miro hacia atrás disfruto mucho recordando a todas las grandes gimnastas que se han formado conmigo y, especialmente me emociona comprobar que, cuatro de las seis componentes del equipo nacional de los JJ.OO. de Barcelona-92, (clasificadas en 5ª posición) se iniciaron en el Gimnasio Moscardó: Eva Rueda, Alicia Fernández, Sonia y Cristina Fraguas. Soy consciente de que lo di todo por la Gimnasia y si soy sincera, fue una etapa maravillosa de crecimiento personal pero, al final de esa productiva experiencia solo sentí mucha ingratitud por parte de la comunidad gimnástica y la RFEG. A mediados de 1989 me desvinculé definitivamente de este deporte y esta decisión fue un gran alivio emocional. Con voluntad e ilusión finalicé mis estudios en la Universidad Autónoma de Madrid cursando el doctorado y ejerciendo como docente en la facultad de Educación de dicha Universidad. En la actualidad trabajo como profesora de E. Física en un centro escolar y, en horario extraescolar, entreno a gimnastas de rítmica que no compiten, solo disfrutan de “Gimnasia para todos”.


Hace más de un año publicaste "Hijas del sueño olímpico", ¿qué ha supuesto

para ti escribir este libro?

Antes de ser libro fue el tema de lo que iba a ser mi tesis. Durante los años que estuve como docente en la Universidad Autónoma de Madrid me di cuenta de que apenas existía bibliografía sobre la Gimnasia Artística. Cuando les pedía un trabajo a los estudiantes sobre nuestro deporte confundían las modalidades gimnásticas y solo encontraban datos relacionados o con la biografía de Blume o con la Gimnasia Rítmica. Este vacío histórico me animó a indagar sobre la Gimnasia femenina española y, una vez que por diversos motivos renuncié a finalizar y leer la tesis, me pareció importante no abandonar una investigación de doce años de intenso trabajo. La editorial Libros.com me ofreció publicarla y la convertí en una historia de vida en la que, además de narrar mis experiencias como gimnasta, incluyo también la evolución que tuvo la Gimnasia femenina en España a partir de 1950 así como, el origen de la Gimnasia Deportiva femenina en los JJ.OO Modernos. Para mí ha supuesto un gran desafío y mucha satisfacción por tener la oportunidad de transmitir a las nuevas generaciones una parte de la historia de este deporte así como, dar visibilidad a gimnastas pioneras que con su entrega y trabajo contribuyeron a la evolución de la Gimnasia española.


La gimnasia artística femenina ha evolucionado mucho desde que se comenzó a practicar en España en los años 50 ¿qué cambios faltan por hacer?

En la actualidad hay entrenadores que opinan, que no se debe obligar a las gimnastas a dejar su entorno familiar y deportivo para concentrarse permanentemente en los CAR si en sus provincias existen medios y entrenadores cualificados para entrenar. Últimamente también he leído en las redes sociales opiniones de otros entrenadores que denuncian las situaciones injustas que se están produciendo en relación con las becas que concede la RFEG a las gimnastas tanto junior como sénior que entrenan fuera del CAR de Madrid. A pesar de estar al día en este tipo de noticias, la verdad es que no tengo una opinión sobre estas cuestiones ya que, como he mencionado, llevo muchos años desvinculada de este deporte y por tanto, considero que no soy la más adecuada para señalar qué cambios requiere la Gimnasia Artística Femenina en el presente pues, seguro que no acierto en mi juicio. Quienes pueden resolver este debate son los entrenadores/as que están trabajando y luchando en estos momentos por mejorar nuestro deporte.


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